Historias

Everything is what it is because it got that way
D´Arcy Thompson, On Growth and Form (1917)
“—¡Escriba!¡Escriba! Verá como llega a verse entero.”
Con esa frase, el médico que trata al protagonista de “La conciencia de Zeno” le anima a dar forma de historia a sus problemas, para poder así comprenderlos mejor.
 
Conocer a una persona supone, en buena medida, conocer su historia. No los datos biográficos, ni sus ideas, tampoco sus orígenes genéticos o culturales, sino sobre todo la historia que esa persona se cuenta a sí misma sobre sí misma. La historia en la que explica cómo y por qué ha llegado a ser como es o a ver las cosas como las ve.
Responder a la pregunta “¿quién soy?” supone contar una historia. Mi historia. Un mito, en el sentido etimológico, personal.
No sólo los psicoanalistas han llegado a esta conclusión, también los narradores desde el origen de los tiempos saben que la personalidad se forja al verse reflejada en historias, no en ideas o razonamientos.
En “On the Origin of Stories“, Brian Boyd explora el papel que las narraciones juegan en la adaptación de la especie humana al medio, la importancia que han tenido en la forma que ha ido adquiriendo el cerebro humano en la génesis de nuestra especie.
Contar es anterior a pensar y, además, las historias que nos contamos modelan inconscientemente nuestra manera de pensar.
El lingüista George Lakoff, en “The Political Mind“, explica a través de las historias y de las metáforas que las pueblan las diferencias irreconciliables entre progresistas y conservadores. ¿Por qué personas inteligentes y con capacidad de raciocinio difieren tanto en sus juicios y viven casi en universos inconmensurables? La razón, según Lakoff, radica en las historias, las narraciones, que modelan las visiones de esas personas.  
Las instituciones, los grupos humanos estables, también se cuentan historias a sí mismas, se explican mediante narraciones. Lo que ocurre es que hay diferentes historias que conviven. Algunos miembros de esas instituciones o grupos interiorizan historias diferentes a las de otros miembros.
La Escuela, como institución, tiene distintas historias que la legitiman, que la explican. Muchas de esas narraciones son contradictorias entre sí, por eso no se llega a un acuerdo a la hora de solucionar los males que la aquejan.

 

Así, la respuesta a la pregunta por el sentido o el objetivo de la Escuela como institución sería una historia, un mito.
Los docentes tienen interiorizadas, de forma inconsciente, historias, mitos, que explican la esencia de la Escuela. Esos mitos están cuajados de metáforas, como la del docente como padre (o madre) estricto, frente al docente como padre (o madre) comprensivo. Esas metáforas llevan a “elegir” historias en las que la bondad tiene que ver con la obediencia y el esfuerzo o, por otro lado, con la creatividad y el espíritu crítico.

 

Es curioso ver cómo personas que ideológicamente no tienen nada en común, comparten los mismos mitos sin darse cuenta.
Si fuéramos capaces de ser conscientes de las historias que modelan nuestro pensamiento, de hacerlas explícitas y cuestionarlas, sería mucho más fácil llegar a acuerdos en la comunidad educativa.
El papel que juegan las narraciones en la visión del mundo (Weltanschauung) nos puede ayudar a ver la auténtica importancia de la lectura y la escritura en la formación emocional e intelectual.
Kafka lo resumió en una de sus misivas a su prometida: …no soy, ni puedo, ni quiero ser otra cosa que literatura…
A la Escuela le vendría bien hacerse literatura, historias. Sería la mejor manera de “vernos enteros”.
 

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