La genética del éxito olímpico

Durante décadas, los atletas olímpicos nos han dejado con la boca abierta con sus saltos, sus carreras y todos sus logros en general. Cuando los vemos batiendo récords parecen más superhéroes que personas normales. Su fuerza, velocidad y resistencia no tiene comparación. ¿Cómo lo hacen? Pues parte de la respuesta a esta pregunta está en su genética. Ahora veremos por qué.

 

La genética juega un papel importante

La receta para el éxito en las Olimpiadas es bastante complicada y la componen diversos factores. Sin embargo, la genética juega un papel bastante importante en este respecto. Las variaciones genéticas son los cambios en las secuencias del ADN. Estas se pueden convertir en características de los fenotipos, es decir, que podemos observar en el cuerpo, como, por ejemplo, el aumento de masa muscular. Si unimos esto a las influencias del ambiente, como la dieta, el ejercicio y el entrenamiento, algunas variaciones genéticas pueden ayudar a que ciertos atletas se salgan de la media.

Se ha comprobado que hay genes que contienen variaciones asociadas a la buena predisposición atlética. Algunos ejemplos de esto son ADRA2A, ACE, NOS3 y ACTN3. De entre estos, la variación ACE es la que ha sido estudiada más a fondo. Esto se debe a que produce encimas que regular la presión de la sangre. Investigando sobre este tema, se ha demostrado que una serie de atletas de élite tenían diferentes variaciones de este gen.

 

La genética de los atletas

Dentro del gen ACE que hemos dicho que tienen muchos atletas, hay dos variedades: alelo I y alelo D. Los corredores olímpicos suelen tener el alelo I. Este reduce los niveles de circulación y la actividad de ACE. Al reducir eso, incrementa la relajación de los vasos sanguíneos. Además, este gen también influye en la glucosa que va a los músculos y optimiza el uso de oxígeno y la producción de energía.

Por su parte, los nadadores y sprinters de élite suelen tener el alelo D. Este incrementa el crecimiento de células y, por tanto, la potencia muscular. En general, estos atletas necesitan más potencia que resistencia. Aunque todavía no se ha demostrado, parece que este alelo incrementa el crecimiento de las fibras musculares que ayudan a tener velocidad.

 

No todo lo hacen los genes

Obviamente, la genética únicamente no hace al atleta. La otra mitad de su éxito depende de su disciplina y su entrenamiento. Los genes son dinámicos, lo que significa que pueden cambiar de inactivos a activos si se dan las circunstancias adecuadas. Algunos genes como el PPAR delta o el PGC-1 alpha se activan con la práctica regular de ejercicio físico. Estos hacen que fabriquemos fibras musculares que ayudan a la resistencia.

Por tanto, aunque nuestra herencia genética depende de nuestros padres, esta se puede modificar gracias al ambiente: a lo que comamos, hagamos, etc. Es incorrecto pensar, por tanto, que estamos “condicionados” al 100% por los genes que hayamos heredado de nuestros padres. Siempre queda una parte que está en nuestra mano y que puede hacernos mejores física o mentalmente. Si nos esforzamos lo suficiente, claro está.

 

Otros genes de atleta

Hay otros dos genes que también se han estudiado en deportistas de élite: el IL-6 y el IL-6R. El primero, IL-6, produce una proteína antiinflamatoria que segregan las células inmunitarias. Esta proteína refuerza, por tanto, el sistema inmunitario y es resistente a la fatiga y el cansancio. Un cóctel perfecto para quienes tienen que dar todo su potencial en cada entrenamiento y cada competición.

Además, hay otros muchos genes que se adaptan al ejercicio y los entrenamientos de los atletas. Algunos de estos genes están relacionados con el incremento del gasto cardíaco. Esto quiere decir que aumentan el volumen de sangre que bombea el corazón cada minuto. También maximizan la absorción de oxígeno que llega a los músculos. Un gen bastante conocido que afecta los niveles de oxígeno en sangre es EPO. Este es de gran ayuda para los deportistas que entrenan en grandes altitudes.

 

Un caso único: los genes de Kenia

Muchos investigadores han empezado a estudiar los genes de los keniatas debido a su gran éxito en las competiciones. Después de realizar muchos estudios, se ha comprobado que los corredores africanos han desarrollado unas capacidades que hacen que su rendimiento esté muy por encima de la media. Por ejemplo, tienen una menor acumulación de ácido láctico en los músculos, resisten muy bien al cansancio y tienen una mayor actividad de encimas oxidantes. Todo esto hace que su producción de energía sea inmensa.

Estas capacidades casi de super-hombres y super-mujeres tienen que ver con su entrenamiento y su tenacidad, pero también con su genética. Algunos de los genes que se han demostrado que están implicados en estos procesos son el ACE y el ACTN3.

 

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