¿Cuál es la probabilidad?

En este post hablamos de casualidades y probabilidad. Primero, vemos como hemos pasado de creer en la superstición a buscar explicaciones científicas. Esto ha hecho que el estudio de la probabilidad tenga cada vez más reconocimiento y más seguidores. Después, veremos algunos ejemplos de leyes de la “improbabilidad” y casos reales que los abalan.

 

De superstición a ciencia

Todo el mundo hemos experimentado coincidencias o sucesos extraordinarios que son difíciles de creer. A lo largo de la historia, las personas hemos intentado encontrar una explicación para la existencia de estos sucesos. Muchas veces, hemos recurrido a explicaciones sobrenaturales. Por ejemplo, muchas civilizaciones han proporcionado explicaciones que se basan en creencias supersticiosas, en la intervención de un poder superior (como el de un dios) o a una fuerza desconocida como la percepción extrasensorial. Si tenemos en cuenta nuestra historia y nuestra cultura, puede que esta forma de explicar sucesos que se salen de lo “normal” sea parte de nuestra naturaleza humana.

Sin embargo, la ciencia y la probabilidad llegaron para demostrar lo contrario. Muchos científicos, entre ellos David Hand del Imperial College de Londres, han buscado explicaciones racionales. Nos han presentado unas reglas que, una vez entendidas, nos ayudan a comprender muchas de estas coincidencias y sucesos. En lugar de recurrir a explicaciones sobrenaturales, argumentan que las leyes de la naturaleza se rigen muchas veces por estas ocasiones extraordinarias. De hecho, estos científicos nos quieren demostrar que los sucesos que creemos improbables ocurren todo el tiempo.

 

El estudio de la improbabilidad

David Hand se encarga en su libro The Improbability Principle de explicar 5 reglas que forman este “principio de la improbabilidad”. Cada regla está explicada basándose en ejemplos reales de la vida diaria. El autor recurre a temas diferentes como la parapsicología (el estudio de los fenómenos paranormales), los mercados financieros y las apuestas.

La ley de la inevitabilidad se basa en el simple hecho de que algo puede y tiene que suceder. Si golpeas una pelota, tiene que caer en algún sitio. La posibilidad de que caiga en un sitio u otro depende de una lista bastante larga de variables, pero una de estas tiene que pasar.

En los años 90, un grupo de personas decidió beneficiarse de esta ley. Su objetivo era ganar la Lotería Estatal de Virginia. El premio estaba por entonces en 27 millones de dólares, bastante más alto de lo normal. Había más de 7 millones de secuencias de números que podían ser las ganadoras. Así al comprar unos 7 millones de boletos, todos con secuencias diferentes, se podían ganar unos 20 millones de dólares. La probabilidad de ganar seguí siendo pequeña, pero indudablemente uno de los boletos tenía que ganar.

 

Otras leyes de la probabilidad

La ley de los números verdaderamente grandes se basa en el hecho de que muchas veces hay un gran número de posibilidades de que sucedan cosas extraordinarias. Por ejemplo, la probabilidad de que a una persona le alcance un rayo en un año es de 1 entre 300.000. No obstante, si tenemos en cuenta que la población de la Tierra es de unos 7 billones de personas, este número ya no parece tan inalcanzable.

Otro ejemplo es el de la ley de la palanca de probabilidad. Esta dice que un pequeño cambio en las circunstancias puede tener un gran impacto en la probabilidad de que algo pase.

 

Nuestra percepción y preparación nublan los resultados

La ley de selección puede ocurrir de diversas formas. Todas estas se centran en la forma en la que la probabilidad puede modificarse según cómo selecciones un evento en particular. Por ejemplo, las cámaras de seguridad de las carreteras están colocadas en puntos que son peligrosos. Para contabilizar objetivamente si estas cámaras ayudan a prevenir muertes o no, se deberían colocar aleatoriamente. Si partimos de que las localizaciones están previamente pensadas, no podremos comprobar objetivamente la eficiencia de las cámaras. Otras señales que indican peligro o el conocimiento de los conductores de una zona peligrosa pueden entrar en juego y el experimento no serviría.

La regla final es la ley de la cercanía o la proximidad. Esta dice que nuestro cálculo de coincidencias puede aumentar la probabilidad con la que percibimos que estas ocurran. Nuestra percepción nos engaña. Dos cosas no tiene que ser exactamente iguales para que las consideremos “idénticas”. De esta forma, aumentamos el número de sucesos potenciales que consideramos fuera de lo normal o extraordinarios.

 

Ficción y realidad

Que cada vez se teorice y se estudie más la probabilidad no significa que vayamos a dejar de sorprendernos cuando algo muy raro o poco probable ocurra. Tanto si ganamos la lotería nosotros mismo como si la gana alguien que no conocemos, esta “casualidad” sigue sorprendiéndonos y manteniendo nuestra ilusión año tras año. Quizás, como dijimos al principio, nuestra imaginación y fantasía sea parte de nuestra humanidad.

 

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